martes, 27 de julio de 2021

🔴 Miedos tragacionistas por Juan Manuel de Prada 🔴



 OPINIÓN   Debemos recordar, una vez más, aquella grandiosa reflexión que lanzaba el personaje interpretado por Rutger Hauer en ‘Blade Runner’: «Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? En eso consiste ser un esclavo». Y para convertir a los pueblos en masas temblonas y esclavizadas los manipuladores sociales siempre han recurrido a la creación de un enemigo interno, al que se demoniza, para que el miedo de los esclavos, transmutado en furor paranoico, pueda ser excitado contra víctimas inocentes. Así se han desatado todas las ‘cazas de brujas’ en los más variados crepúsculos de la Historia.Esta misma técnica se está empleando en la actualidad con los llamados ‘negacionistas de las vacunas’, categoría difusa en la que se engloba a cualquier persona que albergue dudas razonables ante las terapias génicas experimentales que se están inoculando masivamente a la población. Y a medida que los fallos de estas terapias se hacen más evidentes y clamorosos, más histéricos y groseros son los miedos que se instilan entre los esclavos. Ya se ha comprobado sobradamente que las personas sometidas a estas terapias no quedan ‘inmunizadas’ (sin embargo, la prensa sistémica repite con desesperación monomaníaca dicho término); ya se ha comprobado que contraen el coronavirus incluso varias veces (como acaba de ocurrirle a Jon Rahm); ya se ha comprobado que pueden contagiar a otras personas sanas. También se ha probado que algunas de estas personas sometidas a terapias génicas experimentales enferman de forma virulenta, o sufren desarreglos orgánicos graves que pueden conducirles, incluso, a la muerte. Ninguna persona que no estuviese completamente invadida por el miedo y reducida a la esclavitud aceptaría que tales evidencias fuesen negadas o maquilladas. Y mucho menos aceptaría que se señalase como enemigos a las personas que no han querido inocularse, a las que en todo caso se trataría de persuadir. Si se exacerba el miedo (y el odio) contra las personas que no se inoculan estas terapias génicas es porque se quiere nublar la razón de los esclavos, porque se quiere dirigir su miedo, convenientemente transmutado en furia, contra personas que son pruebas vivientes de que se les está engañando.

Se trata de la vieja estrategia diabólica (del griego ‘dia-balein’, separar y dividir), consistente en encizañar a unas personas contra otras mediante la acusación calumniosa. Y, mientras se fomenta y azuza el miedo transmutado en furia, se silencia el debate necesario sobre la naturaleza y eficacia de las terapias génicas experimentales y se estigmatiza a los pocos médicos que se atreven a discutirlas. Pero los manipuladores sociales saben bien cuán fácil es que los esclavos invadidos por el miedo acepten lo que en preceptiva literaria denominamos ‘suspensión de la incredulidad’.

No se me escapa que al denunciar los miedos tragacionistas se me condenará al desprestigio y al silencio más pronto que tarde. Pero un escritor digno de tal nombre debe responder ante su conciencia.

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