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Monday, March 23, 2015

Por qué comer cucarachas en el Perú, y en TV nacional, sí es denigrante


La premisa de un “reto” en un programa concurso implica que la tarea a desarrollar no es cotidiana e implica un grado específico de dificultad. En este caso el grado de dificultad está dado, en una primera dimension, por el asco que tiene el participante a comer un plato de cucarachas.
En una segunda dimensión está el hecho de hacerlo público: una persona puede comer cucarachas en su casa, pero hacerlo en televisión nacional es llevar la práctica a un siguiente nivel de exposición, en donde el público se entretiene mirando a una menor de edad comiendo algo socialmente repugnante  por un viaje de promoción.
 
Entonces está claro que el programa sabía que la premisa de la prueba era exponer malamente a un participante al asco en público, y cómo estas dos variables no son tan importantes para la adolescente si se trata de ganar un viaje de promoción a Cancún.
 
El mensaje entre líneas es “el fin justifica los medios si eres pobre”. Un pobre puede desnaturalizarse con tal de llegar a tener similares oportunidades que otros. Esta premisa es promovida por el medio de comunicación, e instala y refuerza el valor en el inconsciente colectivo de quienes ven el programa.
 
 
¿Se le podría dar una connotación racial o de clase? Tal vez, ¿un estudiante del Newton o del Markham comería cucarachas en TV nacional por algo análogamente importante o valioso para él? Es bastante poco probable. Pero los del Melitón Carbajal sí.
Si en la India un imaginario programa de concurso retara a los participantes a comer carne de vaca, el concursante sufriría la vergüenza religiosa de comer un animal sagrado, acto prohibido en este país; aunque todos sepamos que la carne de vaca no tendría por qué ser dañina en un sentido amplio.
Las cucarachas cultivadas no tendrían por qué ser dañinas, y por el contrario, es sabido que contienen proteínas y nutrientes. Sin embargo, en nuestra cultura el acto de comer cucarachas es visto como algo asqueroso y denigrante;  precisamente si no fuera así, no sería un “reto”explotable.
Siendo así, ¿no ha afectado el programa la integridad y dignidad de la participante? ¿No eran conscientes los productores que en nuestra cultura comer cucarachas por un premio puede generar escarnio público? ¿Es justo aprovechar las necesidades de gente pobre para entretener al público?
 
Si queremos tener una sociedad más saludable en terminus morales, tenemos que empezar a cuestionar cada una de nuestras acciones, por más pequeñas o insignificantes que puedan parecer.

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