OPINIÓN Comentaba con mis amigos que si nos decían proféticamente hace un par de años que en el futuro inmediato íbamos a vivir en una sociedad azotada por una plaga, cuyo saldo no sería solamente sanitario, sino social y cultural; probablemente no lo hubiéramos creído y seguramente nos hubiéramos reído de aquello. Más bien, hubiéramos atribuido aquella antojadiza narrativa a algún desvarío charlatán de ese aprendiz de clarividente.
lunes, 13 de diciembre de 2021
► PASAPORTE COVID Y NUEVAS DIALÉCTICAS
OPINIÓN Comentaba con mis amigos que si nos decían proféticamente hace un par de años que en el futuro inmediato íbamos a vivir en una sociedad azotada por una plaga, cuyo saldo no sería solamente sanitario, sino social y cultural; probablemente no lo hubiéramos creído y seguramente nos hubiéramos reído de aquello. Más bien, hubiéramos atribuido aquella antojadiza narrativa a algún desvarío charlatán de ese aprendiz de clarividente.
sábado, 30 de enero de 2021
► SIGNOS ANTICRÍSTICOS por Juan Manuel de Prada
A veces, cuando participo en alguna tertulia radiofónica (donde suelo practicar la disciplina del arcano, según el consejo de Mt 7, 6) y se me ocurre deslizar alguna afirmación religiosa, por tenue que sea, enseguida provoco revuelo. Advertía Ernest Hello que jamás en su vida había encontrado un ateo militante que detestase por igual todas las religiones. Por el contrario, la mayoría de los ateos militantes suelen contemplar todas las religiones con una condescendiente simpatía, como contemplarían las travesuras de un niño. Y reservan su aversión en exclusiva para la religión católica.
domingo, 17 de enero de 2021
► Lo que se nos VIENE es muy, MUY MALO (y muy, MUY POCOS se dan cuenta) por Alex Navajas ◄
La frase me vino a la cabeza mientras seguía en televisión hace pocos días cómo un tipo estrafalario, un fantoche, ataviado con unas pieles y un casco con dos cuernos, se fotografiaba en la presidencia del Congreso del país más poderoso del mundo. “Lo que se nos viene encima es muy, muy malo. Y creo que son muy, muy pocos los que se dan cuenta”, pensé entonces.
De fondo se escuchaban las voces -los graznidos, parecían en ocasiones- de los analistas quienes, todos a una, con una uniformidad y una simpleza sonrojantes, nos repetían el catón aquel de que Trump es el malo y Biden, el bueno. Sin matices. No fuera a quedar duda. El nivel de profundidad intelectual de sus comentarios no excedía al de un capítulo de Barrio Sésamo.
