La frase me vino a la cabeza mientras seguía en televisión hace pocos días cómo un tipo estrafalario, un fantoche, ataviado con unas pieles y un casco con dos cuernos, se fotografiaba en la presidencia del Congreso del país más poderoso del mundo. “Lo que se nos viene encima es muy, muy malo. Y creo que son muy, muy pocos los que se dan cuenta”, pensé entonces.
De fondo se escuchaban las voces -los graznidos, parecían en ocasiones- de los analistas quienes, todos a una, con una uniformidad y una simpleza sonrojantes, nos repetían el catón aquel de que Trump es el malo y Biden, el bueno. Sin matices. No fuera a quedar duda. El nivel de profundidad intelectual de sus comentarios no excedía al de un capítulo de Barrio Sésamo.
