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miércoles, 28 de agosto de 2019

►¿TIENEN ALMA LAS ORGANIZACIONES?


Aunque es una pregunta, a priori esotérica, creo que a estas alturas resulta absolutamente innegable la naturaleza inmaterial e intangible de cualquier tipo de organización humana, dado que también es innegable la propia naturaleza inmaterial de las personas.

Y cuando hablamos de inmaterialidades o intangibles, nos referimos al conjunto de elementos abstractos y convencionales que le otorgan un propósito superior a aquella comunión de individuos, quienes en su libertad deciden mutuamente asignarse responsabilidades y subordinarse en función a los objetivos que se han propuesto.

Sin embargo, esta realidad inmutable e innata en la naturaleza gregaria y creadora de los seres humanos no siempre es clara, sobre todo si hablamos de organizaciones cuyo “dasein” es la rentabilidad, variable fácilmente reconocible y verificable en una hoja de Excel.

Y es que la revolución industrial, el racionalismo y el materialismo relevaron a las recientes organizaciones empresariales de ese ethos intangible y espiritual que le otorgan un propósito más allá de la mera facturación anual.

Esta premisa, que se origina en la primera industrialización hasta nuestros días, hace que los miembros de las organizaciones empresariales dejen de apreciar los elementos que articulan la causa última que origina la cohesión, la coordinación y la integración organizacional.

Breve historia de la comunicación de intangibles.

La primigenia propuesta de Charles Babbage, que dividía el trabajo artesanal para hacerlo más óptimo, dejó como secuela la limitación del horizonte estratégico de aquel temprano trabajador industrial; situándolo inexorablemente en una posición en donde es solo válido por la función estricta que realiza y los resultados que genera.

Sin embargo, los primeros 50 años del siglo XX derribaron de a pocos la idea de sustrato materialista de la organización que no gestiona su plano intangible.

Algunos de esos elementos que representaban a la organización en su plano más inmaterial, y que situaban sus productos y servicios en amplia ventaja frente a su competencia, fueron inicialmente la marca y el cálculo de su valor financiero.

Este elemento es tanto o más importante que la valoración financiera de las plantas de producción y los activos físicos de una organización.

La marca empezó a representar una promesa, la promesa de una experiencia en torno a un producto.

Esta promesa significaba una manera de hacer el trabajo propia y distintiva; que le daba a la marca un contenido emocional articulado por significados propios.

Así, tanto la marca y sus procedimientos de producción se fueron registrando para conservar su unicidad e identidad: aparecen luego las patentes y registros, y toda esa burocracia que protege el patrimonio intelectual de las empresas.

Así, un par de zapatos, un automóvil, un sistema asegurador o un teléfono podían tener una identidad propia y una promesa tras aquel intangible denominado marca, valorados ahora en términos económicos y que iban más allá de lo concreto.

Paralelamente, estos elementos tenían que ser puestos en común para que el negocio pueda crecer de manera sostenida; y este es el momento en donde los medios masivos de comunicación cumplen un rol fundamental.

La marca se empieza a comunicar, primero a través de la publicidad con el acompañamiento de las primigenias relaciones públicas.

La publicidad, anclada principalmente en los departamentos de marketing y áreas comerciales, se convirtió en una herramienta para expandir el negocio hacia confines cada vez más amplios y complejos.

Las relaciones públicas, por otro lado aseguraban que los medios de comunicación generen corrientes de opinión favorables al negocio; que acompañaban la estrategia comercial.

Con el devenir del tiempo y los latentes cambios sociales, la opinión pública se muestra más interesada en los asuntos públicos de las empresas y organizaciones.

Importa entonces si la organización es una buena vecina comunal, si respeta y promueve a sus trabajadores, si impacta negativamente su entorno ambiental, si cumple las reglas y los marcos regulatorios, etc.

La presión pública, de esta manera, genera la necesidad de desarrollar y practicar nuevas expresiones de gestión social que ponen en valor a las organizaciones, incluso más allá de los productos que venden.

En este contexto, la responsabilidad social y ambiental, se empiezan a desarrollar y contribuyen a aumentar el valor de la empresa. Estos empiezan a desarrollarse y articularse de forma sostenida y se incorporan a la razón de ser de la mayoría de las organizaciones empresariales.

Los nuevos medios sociales.

En este punto los medios tradicionales menguan su influencia omnipresente para ceder espacio a los medios sociales apoyados en la ecología plástica y dinámica del internet móvil.

Una ecología donde todos somos creadores de contenido, generamos comunidades basadas en comunes intereses y de esa constante conversación hacemos evidente el actuar de las organizaciones.

En este marco, si antes era importante salvaguardar la reputación de una empresa, ahora es urgente desarrollar constante conversación con los grupos de interés.

Los medios sociales hacen muy sencillo desarrollar conversación en torno a las fortalezas y debilidades de una organización.

Además, desplazan la idea organizacional del foro "interno” para transparentar al máximo las decisiones de empresariales.

Hoy, ese conjunto de intangibles se organiza de manera planificada y articulada, y aparecen muchas veces más valiosos que los activos físicos, que además, tienden a devaluarse con el tiempo.

Si pensamos en que hay una dimensión, que como en el ser humano, no se puede explicar en términos materiales, entonces llegamos a la conclusión que ese intangible, diremos espiritual, está allí y requiere ponerle atención y gestionarlo con anticipado esmero y detalle.


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domingo, 30 de agosto de 2015

Claves para comprender la reputación corporativa


La reputación corporativa es una de las especialidades más interesantes de la comunicación externa e involucra una serie de actividades que permiten la generación de percepciones positivas entre nuestros principales stakeholders.

Por este motivo es interesante repasar cómo se genera la reputación, y qué factores la modelan. Este planteamiento es básico para poder gestionar adecuadamente esta importante variable. 

Existen tres importantes factores que participan en el proceso de creación de la reputación:

1). Experiencia de los stakeholders: Esta está dada por la experiencia que tienen con el producto, el servicio al cliente, comportamiento de las inversiones, y el comportamiento de los miembros de la organización.

2). El mensaje corporativo: Éste está constituido por las actividades de branding, auspicios, eventos de relaciones públicas, y los programas de responsabilidad social corporativa

3). Las conversaciones mediáticas: Estas son aquellas que se dan en los medios audiovisuales, impresos y a través de las redes sociales.

Estos elementos crean percepciones entre los stakeholders, las mismas que pueden ser de admiración, confianza  e identificación; y que al final devienen en términos de construcción de la reputación corporativa.

¿Por qué gestionar la reputación corporativa?
Porque la reputación corporativa incide directamente en la generación de valores de apoyo de parte de nuestros stakeholders. Éstos se harán evidentes en el desempeño financiero de la organización y afectará positivamente la estrategia del negocio, beneficiando las futuras iniciativas corporativas.

En este marco, está comprobado que las empresas que gestionan su reputación generan mayores comportamientos de soporte entre sus stakeholders, además de estar comprobado de existe una relación directa entre una buena gestión de la reputación y el valor de mercado.
"En el mundo de hoy, donde las ideas están desplazando cada vez más a los bienes físicos en la producción de valor económico, la competencia por la reputación se convierte en una fuerza motora muy significativa, que propulsa nuestra economía hacia adelante" Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos.
Otro dato que es muy importante tomar en cuenta es el hecho que aquellas empresas que tienen una importante reputación corporativa pueden sobreponerse con mayor facilidad de una crisis.
• Hace 50 años, los tangibles representaban el 78% de activo de corporaciones estadounidenses. Hoy sólo el 53% (Accenture). 
• Las empresas en Estados Unidos invierten un trillón de dólares por año intangibles (Brauch Lev, NYU). 
• El 35% de las decisiones de la inversión está basado en  datos no financieros (Ernst & Young Center for Business  Innovation).

¿Cuál es la diferencia entre la responsabilidad social corporativa y la reputación corporativa?
La responsabilidad social corporativa es el compromiso voluntario asumido por las empresas para manejar sus actividades de forma responsable; es decir, se basa principalmente en realidades y hechos concretos.

La reputación corporativa en cambio, es una colección de percepciones relacionadas con una empresa, y que son compartidas por los stakeholders, tanto dentro como fuera de la organización.

¿Cuál es la diferencia entre la reputación corporativa y la marca corporativa?
Esta también es una pregunta válida que conviene definir:
  • La marca corporativa tiene que ver directamente con la identidad gráfica, símbolos y promesa que la organización desarrolla para diferenciar sus productos y servicios de aquellos ofrecidos por sus competidores.
  • La reputación corporativa, en cambio es la colección de percepciones en la mente de los stakeholders de la organización, la misma que es el resultado de la interacción entre éstos y la realidad de la empresa y su comunicación.
Como podemos apreciar, a medida que la competencia aumenta, se vuelve crítico tener un acercamiento al funcionamiento de la reputación, y a las estrategias más adecuadas para su gestión efectiva. 

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